itálica

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Qué es Itálica?

La ciudad de Itálica ha desaparecido hasta el nivel de suelo, salvo en anfiteratro, que ha sobrevivido porque presenta un núcleo de hormigón. A principios de la Edad Media, la ciudad se abandonó por diversas circunstancias, pero los edificios no se cayeron solos. Cómo la gran mayoría de yacimientos arqueológicos, sirvió de cantera a lo largo del tiempo.- se sabe que los musulmanes usaron piedra de Itálica para fortificar el guadalquivir y protegerse de incursiones vikingas-  se perdió hasta en la memoria colectiva, llamando al lugar Campos de Talca o Sevilla la Vieja.

Porque se desconocía que esas famosas ruinas fuesen las de la famosa ciudad de Itálica. Solo sobresalía el graderío del anfiteatro que eran aprovechados parar cercar ganado. A los campesinos aledaños les llamaba la atención que al arar la tierra aparecieran piedrecitas de colores. Eran las teselas de los mosaicos arrancadas con el arado.

Triste historia la de los mosaicos itálicos, porque casi todos están perdidos a pesar que muchos de ellos se conservaron hasta el siglo XIX. Viajeros románticos que visitaron las ruinas dibujaron tales mosaicos. Un viajero, Alexandre Laborde dibujó el llamado “mosaico del circo”. Cuando se halló, se colocó una cerca con un guarda para protegerlo. Pero el guarda tuvo la ocurrencia de utilizar el cercado para guardar dentro sus cerdos, con el resultado lógico de que los animales levantaron el mosaico. Hoy sólo existe el dibujo de Laborde y la constancia del lugar donde se encontraba y en el que siguen habitando probablemente los descendientes del guarda-porquero.

Itálica Romántica.

A raíz del descubrimiento de Pompeya, surge por toda Europa un renovado interés por las ruinas clásicas. Los monjes de SAN ISIDORO DEL CAMPO son los primeros en crear una colección con lo que van encontrando. En el siglo XVII aparecen documentos epigráficos que confirman el nombre de la ciudad. El redescubrimiento emocional de las ruinas lo harán los poetas, que convierten el lugar en una alegoría del olvido, del paso del tiempo y de las antiguas glorias. A pesar de todo, el ayuntamiento de Sevilla en 1740 ordena derruir los muros del anfiteatro para construir un dique en el guadalquivir, y en 1796, hubo una voladura de la denominada “cantera de Itálica” para construir el nuevo “camino real” de Extremadura.

Finalmente la primera normativa legal de protección del yacimiento se produce el 9 de febrero de 1810, bajo la ocupación napoleónica, ordenando devolver el viejo nombre de Itálica, e incluso destinando presupuesto para excavaciones regulares.

Pero un funcionario IBO DE LA CORTINA decidió que las excavaciones fuesen dedicadas a buscar “tesoros” y no al estudio del yacimiento. Como el proyecto estaba escaso de dinero, el hombre decide vender “cal”. Monta unos hornos y los alimentó con los mármoles de la propia Itálica, que a su juicio, eran los menos valiosos. Y ya para rematar la faena, luego de la desamortización del convento de San Isidoro del Campo, se convierte en presidio. Así que Ibo consigue del gobierno civil que los presos se dedicaran a excavar la ciudad mediante trabajos forzados.

Más avanzado el siglo, uno de los más destacados filántropos que participó en las excavaciones fue ARCHER MILTON HUNTINGTON. Heredero de una de las fortunas más grandes de Norteamérica. Un temprano viaje a México con 15 años despertó su afición por todo lo hispánico. Habitual por Sevilla, fue nombrado hijo adoptivo y miembro de la Real Academia de Buenas Letras. En Itálica, Huntington logro alquilar el solar e inició sus propias excavaciones en enero de 1898. Los tesoros descubiertos y demás objetos adquiridos de las excavaciones en

Carmona constituyen el núcleo de sus colecciones arqueológicas. finalmente en Manhattan en 1904 Archer Huntington formalizó el Acta fundacional de una biblioteca y museo español de carácter público que habría de llamarse “The Hispanic Society of America”. El objeto de la entidad sería el “fomento del estudio de las lenguas, la historia, y la literatura española y portuguesa.”

Historia de Itálica.

El único poder capaz de poner contra las cuerdas a Roma era Cartago. En el siglo III AC con la expansión de ambas civilizaciones quedó claro que el Mediterráneo era muy pequeño para las dos potencias.

Tras su derrota en la primera guerra Púnica, Roma forzó a los cartagineses a desprenderse de casi toda su flota. Por lo cual Cartago decide ampliar su imperio por tierra, invadiendo gran parte de la peninsula Ibérica. Amílcar, general y patriarca del clan Barca, cruza el estrecho con un enorme ejercito con el cual someter a Iberia. Pero la victoria no hizo olvidar la afrenta romana. Cuando el mayor de sus hijos cumple 9 años, lo lleva junto a sus hermanos al templo de MELKART, en una isla cerca de Gadir, la ciudad más antigua del occidente europeo. Los tres hijos Anibal, Asdrubal y Magón juraron frente al altar odiar eternamente a Roma y a combatirlos sin descanso hasta el último aliento.

Años después de la muerte del padre y cumpliendo el juramento. Los hijos organizan un poderoso ejercito. Anibal comanda la expedición que incluía elefantes. Cruzan los  Pirineos y los Alpes tomando por sorpresa a los romanos que no podían detenerlo. Así que deciden cortarle la retaguardia.  Al hermano mediano, Asdrubal, lo capturan al norte de Italia cuando se dirigía a reforzar al ejercito de Anibal.

Para hacerle saber al hermano mayor de la captura, le lanzar la cabeza de su hermano decapitado con una catapulta. Después se lanzan por el hermano menor Magón que se había quedado en Iberia. Esta es la razón por la cual los romanos desembarcan en la peninsula, que llamarían “Hispania”  y nunca más se fueron. Añadiendo una nueva capa de crisol a la cultura hispánica.

Muy cerca de Itálica, en Alcalá del Rio (Ilipa romana) se produjo la batalla decisiva entre el ejercito de Magón y los romanos dirigidos por Escipión el Africano. En lo que hoy es Santiponce se instaló el campamento romano donde se atendía a los heridos de la batalla. Tras la victoria, Escipión crea en el 206AC sobre ese campamento la primera ciudad romana fundada fuera de territorio italiano. El servicio militar romano duraba 25 años. Después de licenciarse los soldados recibían una pequeña propiedad. La ciudad se crea para asentar a los soldados que se licenciaban.

El emplazamiento elegido era un lugar estratégico. Elevado  a orillas de río Betis vigilando la unión de dos arterias de transporte fundamentales de la Hispania Romana; El Guadalquivir y la ruta de la plata. Con el tiempo la ciudad crece en importancia, como nos muestra en su última estancia en Hispania de JULIO CESAR en el año 45a.C otorgó a Itálica el status jurídico de MUNICIPIUM CIVIUM ROMANORUM posiblemente por el apoyo de la ciudad frente a Pompeyo en la reciente guerra civil.

Conjunto Arqueológico de Itálica.

 

Calles y alcantarillas.

Por estudios recientes se sabe que la nova urbs ocupaba 38 hectáreas, conteniendo 50 manzanas. 5 edificios públicos y 58 residencias unifamiliares el resto. El trazado de las vías era en básico cardo máximo(norte/sur) y decumano máximo(este/oeste). A partir de las calles principales se formaban paralelamente las calles secundarias. Pero muy a pesar de la espectacularidad de los edificios romanos, la construcción más notable y trascendental de los romanos y que posibilitó las grandes aglomeraciones urbanas que caracterizaron el imperio, no se ven. Son las cloacas.

El sistema original era un canal abierto que recogía las aguas  de los cursos naturales descendentes de las colinas que drenaban los despojos de la ciudad

Anfiteatro de Itálica.

Pero los más llamativo del yacimiento arqueológico es sin duda el anfiteatro. El origen surge de la unión de dos teatros desmontables que se giraban hasta formar una elipse cerrada. Por la mañana permanecían abiertos para representaciones varias, por la tarde se cerraban para luchas de gladiadores. Originalmente se construían en una vaguada apoyándose en las laderas. Pero en Roma, con el dominio del hormigón hacen que los arquitectos tengan más libertad.

El terreno del anfiteatro de itálica era una vaguada natural. Por aquí discurría hasta hace poco un arroyo que desembocaba en el Guadalquivir, y en época de lluvias, las riadas llegaron a ser notables. Los ingenieros diseñaron un sistema de canalizaciones y cloacas para dicho arroyo ( hoy hay una presa que retiene el agua). naturalmente, las cloacas requieren de un mantenimiento, reparación y limpieza.

A partir del siglo IV y V el impero decae y la ciudad pierde población, las necesidades de seguridad van concentrando a la población en torno al núcleo original ( hoy Santiponce). Por tanto la red de cloacas que mantenía al anfiteatro libre de riadas dejó de funcionar. El edificio fue quedando poco a poco sepultado. visibles quedaron solo las partes superiores del graderío. Por esta razón  es que el edificio mantiene restos bien conservados de la zona de la arena (fossa bestiaria) el podio y el primer graderío. Con una capacidad de 25000 espectadores, era uno de los mayores anfiteatros del imperio. La arena tiene dos accesos, uno era la puerta triunfal por donde ingresaba el cortejo (pompa) y en el lado opuesto, la puerta libitinense, por donde salían los muertos.

El podium delimitaba la arena y el graderío, dividido en tres alturas ( hoy solo se conserva entera la primera altura). Sobre el podio había una baranda de hierro. En la primera fila de gradas hay inscritos en la cornisa de marmol nombres de los notables que las tenían reservadas. A medida que subían las gradas, bajaba la clase social.

Hay también lugares dedicados al culto a diversas divinidades. En el acceso hay un lugar dedicado a la diosa de la venganza, Némesis.

El anfiteatro fue construido por impulso del emperador Adriano. Teniendo en cuenta la capacidad del monumento, 25000 espectadores y que la población no eran más de 10000. Lo que si está claro es que Itálica no hubiera sido tan engalanada de no haber contado con dos emperadores nacidos aquí.

El combate de Gladiadores en Itálica.

En los mosaicos romanos se solía utilizar en símbolo Ø para señalar el nombre del gladiador que había muerto en combate. El día de fiesta, los gladiadores lujosamente vestidos atravesaban la ciudad. una vez en la arena hacían un simulacro con armas de madera en preparación para la lucha. La señal del comienzo del combate se hacía con un cuerno. Entonces los Lanistas (entrenadores) escogían a los que iban a luchar y delimitaban el terreno con un bastón.

Al llegar los gladiadores al momento final del triunfo, preguntaban al público si debían matar al vencido o no, el cual había pedido clemencia levantando la mano. Si los espectadores daban el perdón bajaban el pulgar, queriendo decir que el vencedor envainara la espada. Aun así, solo 1 de cada 10 gladiadores moría y generalmente era por las heridas accidentales en la batalla, se le mataba para ahorrar sufrimiento. Para dictaminar muerte, el público levantaba el pulgar y con una serie de movimientos indicaba dónde dar la estocada, generalmente la garganta. Aunque lo más probable es que el vencedor hundiera su arma al corazón  para dar una muerte rápida.

El vencido en ese momento no oponía resistencia y afrontaba su muerte con dignidad. Es errónea la creencia de que el pulgar hacia arriba significaba perdón y hacia abajo muerte. Este error es antiguo y lo sigue siendo, amplificado actualmente por el cine.

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